domingo, 16 de julio de 2017

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. La Palabra. En un mundo en que se charla por los descosidos y se oye charlar a todas horas, viene bien una consideración de la Palabra. Por algunos es un mero flatus vocis, un soplo que se lleva el viento y no compromete a nada. Para un cristiano la palabra no es algo sino Alguien que en todo lo que es, hace y dice es revelación. Jesús, el Verbo, la expresión del Padre. 
2. Para Isaías la palabra de Dios es como la lluvia y la nieve: cae del cielo, empapa la tierra y la fecunda. Y cuando ha producido el trigo y el pan, vuelve hacia Dios de donde ha salido. Jesús dice de sí mismo: He salido del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo el mundo y me vuelvo al Padre.
3. Jesús es el maestro de la Palabra. Donde la gente ve un insignificante grano de mostaza o pájaros o flores del campo, Jesús capta un mensaje de Dios que sabe exponer de maravilla. 
4. Hoy se fija en el sembrador. No era como hoy que se siega y trilla a la vez. Era todo un proceso. Mi padre se colgaba al cuello una espuerta e iba sembrando a voleo con gran inteligencia: homogéneamente, sin dejar un palmo sin sembrar o sin sembrar dos veces en el mismo palmo. Y esperaba unos largos meses hasta la siega y la trilla. 
5. Hay como un diálogo entre el sembrador, la semilla y la tierra. La semilla produce según la calidad de la tierra que la acoge. En labios de Jesús la semilla se hace palabra que ilumina las varias actitudes de la gente. Una galería de personajes: el frívolo y el superficial, el incoherente y el coherente.
6. El frívolo: Oye sin escuchar, escucha sin fijarse en lo que oye. Vive de cara a fuera. La Palabra no le entra en el corazón. Todo vale igual. Ejemplos de frivolidad los vemos en intelectuales, escritores, locutores y tertulianos cuando tratan temas relacionados con la Iglesia. Sin ningún respeto por lo que tratan ni por las personas que los soportan.
7. El superficial: Oye y escucha y disfruta oyendo y escuchando. Se entusiasma con las grandes palabras y los nuevos conceptos. Libertad, solidaridad, fraternidad universal, acogida de refugiados (¡pero no en mi casa!) No piensa ni valora. Cree en los valores pero no los encarna en la vida. Cree pero no practica. Lo oímos con frecuencia ¿no? Y cómo que la fe sociológica que recibieron no había echado raíces en el corazón de la persona, nos hemos encontrado de repente con un pueblo sin fe... Y coherente a pesar de todo: ni cree ni practica, no nutre su fe ni la expresa. 
8. El incoherente: escucha y acoge la palabra. Y procura vivirla. Pero no ha pensado en arrancar las malas hierbas que hay en el corazón y que acaban ahogando las buenas ideas. Como dice Jesús: Del corazón de la persona salen los abusos sexuales, hurtos, homicidios, mentiras, descontrol, envidia, orgullo. Tenemos dos modelos: Judas y Pedro. Aman y siguen a Jesús, pero no controlan la avaricia o el miedo al qué dirán. Mucha corrupción proviene de personas de ideas geniales, pero que no han vigilado su afán de dinero o de obtener votos a toda costa.
9. Hay la persona coherente. No quiere decir que sea perfecta. No todos tienen las mismas capacidades. Pero sabe darse buenamente en lo que piensa, dice y hace. Son personas buenas que hacen el bien sin ruido y sin ponerse ninguna medalla. Tantas madres y padres de familia, tantos funcionarios o médicos o maestros o enfermeros, y personas enfermas que sin darse cuenta son presencia de Jesús. Con lo que son, hacen y producen, compensan de sobra todo lo que los frívolos o superficiales o incoherentes malograron. Son los que aguantan la parroquia y el vecindario y la sociedad.
10. Los apóstoles preguntaban a Jesús por qué hablaba en parábolas y no exponiendo ideas en forma magistral. Pues precisamente porque es maestro y sabe que una imagen dice más que cien palabras. Así desvela el interés del oyente. En la intimidad le preguntaban por el sentido de la parábola y él se lo explicaba. Les daba la clave del misterio, del proyecto de Dios. Y cuando lo habían entendido y asimilado lo podían transmitir a los demás.
11. Dios hablándonos en parábolas. En los sucesos agradables o desagradables de la vida. Pidamos al Maestro –Jesús Verbo y Palabra- que nos enseñe a leerlos, entenderlos y explicarlos.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

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