sábado, 8 de julio de 2017

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Con el calor de estos días, y cansados y abatidos como estamos, es un alivio leer y releer las textos de la misa de hoy.
Zacarías nos presenta la cara amable del Mesías. Todo el mundo lo soñaba como un guerrero invencible. Y he aquí que entra en Jerusalén montado en un asno cualquiera. ¿Se imaginan al jefe del estado viniendo en un seiscientos aunque fuera descapotable? ¡Qué ridiculez! Y lo es.
2. Jesús piensa y actúa de modo diferente. Es el Mesías que domina de mar a mar pero no basa su dominio en el número de guerreros ni en la eficacia de las armas. El suyo es un reino de libertad y de paz, de justicia y de amor. Tiene la fuerza del amor y triunfa con la no violencia. Propone, no impone.
3. También se nos presenta el rostro amable Dios. Ama entrañablemente lo que Él ha creado. Sabe de qué barro nos ha hecho y nos comprende y nos anima. No nos ha hecho en serie. No, nos ha creado uno a uno, somos obra de sus manos. Y nos ama con entrañas de madre. Podemos descansar en él como un niño al regazo de la madre.
4. El Señor es clemente y compasivo, lento a la ira y rico en amor; el Señor es bueno con todos, tierno con todas sus criaturas. Sí, ama entrañablemente, me ama con entrañas de madre, personalmente. Todas sus obras son obras de amor. Quienes han tropezado, él los endereza.
5. Y Jesús hoy se desahoga en una alabanza sublime al Padre. Los apóstoles han vuelto de su misión contentos. Es verdad que los sabihondos y sabios e intelectuales de todo tipo los han zaherido porque desgranaban espigas en sábado, o porque como el Maestro comían y cenaban con publicanos y pecadores... o acogían a todo el mundo. Pero lo que era un tropiezo para los sabios era una fuente de alegría para el pueblo llano que por fin sentía las caricias de la mano y del corazón de Dios. Hasta los demonios se sometían al poder de los enviados de Jesús.

6. Y Jesús felicita al Padre por el buen gusto que ha tenido cerrando el acceso a él a los sabios y entendidos y abriéndolo de par en par a los pequeños, a los sencillos, a los ignorantes. 
7. Ha quitado la teología de manos de los poderosos y la ha devuelto a los pequeños. Estos se sienten amados por el Padre y amorosamente acogidos por el Hijo. Es un conocimiento por connaturalidad, como se conocen la madre y el hijo. Es por connaturalidad como muchos de nosotros hemos mamado el amor a Jesús y a la Virgen con la leche de la madre y con la complacencia de nuestro padre. Muy bien.

8. Y ahora nos invita: Venid a mí los estáis cansados y agobiados. Los mayores por aquello del si no fuera por..., los jóvenes porque después de tantas horas y horas de preparación, no encuentran trabajo. O porque les ha fallado el amor con que contaban o les ha traicionado el amigo en quien confiaban. Venid, yo os aliviaré.
9. Tendréis que aceptar el yugo que toda vida comporta. Cada cual tiene una misión, unas responsabilidades y unas limitaciones. Cosas de la vida. Pero Jesús nos recuerda que el yugo hace es cosa de dos. No estamos solos. El yugo lo llevamos Jesús y yo. Pesa la mitad. Y además, nos da una energía vital capaz de mover montañas. Ha infundido en nosotros su mismo Espíritu que nos hace sentir Hijos y alienta a decir Abbà, Padre. 
10. Es benévolo y humilde de corazón. Ya hemos visto cómo ha entrado en Jerusalén. Además Jesús hace suyas las palabras del profeta Isaías que caracterizan su manera de actuar. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. No romperá la caña quebrada, no apagará la mecha vacilante. Es el rostro visible del Padre y la expresión de sus entrañas de madre.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

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