jueves, 5 de enero de 2017

EPIFANÍA

1. Una misma verdad se puede exponer de formas diversas.  Tenemos un ejemplo en las lecturas de hoy. La primera expresa con aliento poético la utopía que mantenía viva la esperanza de Israel. Jerusalén había quedado desolada y pobre. La envolvía la sombra de la derrota y la destrucción. De pronto es invitada a alegrarse porque la presencia del Señor que la había abandonado, vuelve radiante y luminosa. Divisa cómo sus hijos retornan de Babilonia tres largos años de exilio. Jerusalén será un potente polo de prosperidad y de paz. A Jerusalén afluirán todos los pueblos.
2. El salmo describe cómo será el rey que va a venir. En contraste con los reyes que habían arrastrado al pueblo a la ruina, el nuevo rey será en su juicio, con atención especial para el pueblo humilde. Esto hará de su gobierno un reino de bienestar para todo el mundo. Hasta los pueblos vecinos acudirán a él atraídos no por su poder sino por la autoridad que rezuma paz y prosperidad. Y le rendirán homenaje todos los reyes de la tierra.
3. Esta utopía lejana del profeta y del salmo, santo Mateo la ve realizada en la aventura tan linda de los magos. Son hombres que buscan leer escrito en las estrellas el sentido de la historia. A la luz de una estrella luminosa adivinan la llegada del rey de los judíos. Y emprenden ilusionados un largo viaje hacia lo desconocido.
4. Son gente sincera que busca la verdad. Si como astrólogos la buscan en las estrellas,  la buscan también en otros sabios. Si ha nacido el Mesías, seguro que en Jerusalén  sabrán algo. Y buscando la luz se meten en la boca del lobo: Herodes tiembla de miedo. Ve tambalear su trono. Pero los grandes sacerdotes y los sabios de Israel tienen en el profeta Miqueas la clave del misterio: el rey de los judíos ha nacido en Belén. Es cierto. Pero ni ellos ni el rey Herodes se mueven. Toman distancia y discurren. En realidad tienen miedo al ridículo y a quedar mal si no es verdad.
5. Los magos –en ninguna parte se dice que sean tres ni que sean reyes ni que se llamen Gaspar,  Melchor y Baltasar-  continúan su camino. Llegan a Belén y encuentran al recién nacido Rey de los Judíos no en un palacio sino en una casa cualquiera en los brazos de una joven madre. Y rinden homenaje al Bebé. Incienso como a Dios, oro como a rey, mirra como a hombre. Toda la teología en tres palabras.
6. Y se  vuelven a su tierra por otro camino. El que  encuentra a Jesús no puede continuar por donde iba hasta ahora. La realidad quizás es la misma, pero la ven y contemplan con ojos nuevos: a la luz de Jesús que es camino, verdad y vida.
7. ¿Cuál es el sentido de este misterio? San Pablo nos lo dice en unas frases concisas. La Epifanía o manifestación de Dios que hoy celebramos revela un misterio. El secreto que Dios tenía muy escondido hasta ahora, hoy lo revela. Deja de ser misterio para ser revelación. Desde ahora, por el evangelio, todos los pueblos, en Jesucristo, tienen parte en la misma herencia, forman un solo cuerpo y comparten la misma promesa.
Dios es Padre de todos y todos nosotros somos hermanos: esta es la gran revelación, la gran epifanía. El sentido de la fiesta tan entrañable de hoy. Pero para captarlo del todo se necesita un alma, unos ojos y un corazón de niño.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe hoy

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