viernes, 11 de noviembre de 2016

A PROPÓSITO DE...

...unas jornadas sobre heridas crónicas y su cuidado, en ella participaron un grupo de profesionales que plantearon cómo cuidar desde la medicina, pero, además, cómo comprender y atender las necesidades y sentimientos de los enfermos.  Es del todo pertinente atender, con calidad humana y técnica, el dolor de los demás y tratar de mitigarlo.

Al hilo de esto comento que, en un escrito reciente, Fernando Vidal, Director del Instituto Universitario de la Familia en la Universidad Pontificia de Comillas, comentaba cómo la arqueóloga inglesa Penny Spikins ha investigado diversos casos de sociedades originarias en los que las personas con discapacidad o enfermas tenían un lugar privilegiado. Se las cuidaba y eso formó un tipo de sociedad que permitió la aparición de la humanidad. Lo cuenta en su libro Cómo la compasión nos hizo humanos.

Hay que pensar y ser consecuentes. La enfermedad, el ser vulnerables, la ancianidad o el ser dependientes, nos acercan al centro de la condición humana y nos llaman a ayudar. Sólo los necios, que no saben ni de sí mismos ni de los demás, piensan con orgullo descarado que se bastan a sí mismos. Un día descubrirán también, y por eso mismo con más amargura, que también van a necesitar ayuda. En este mundo todos somos limitados y frágiles y en un momento u otro vamos a necesitar ayuda. Y más aún: la verdad es que en el día a día dependemos de otros.

Una estructura social, una comunidad, una persona, que ofrece cuidados es más humana. El progreso no vendrá de un autismo ingrato sino de un modo de vivir sano,-humano-, que quiere vivir sanando,-humanizando-, el dolor del otro. No sé si la alegría permite la soledad o la independencia. El dolor, la debilidad y la limitación, no. Nunca se sanan con la soledad: necesitan una amorosa compañía cuidadora.

Texto: J. M. Ferrer
Foto: infobae.com

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