lunes, 4 de enero de 2016

EPIFANÍA

1. Una idea se puede expresar de formas diferentes. En forma de afirmación simple. O como una intuición profética de algo que se divisa a lo lejos. O con una narración en forma de historia. Las tres modalidades las encontramos en las lecturas de la Epifanía, la Manifestación de Jesús.

2. El núcleo de la fiesta de hoy nos lo da en cuatro palabras san Pablo en la carta a los cristianos de Éfeso. Un misterio: Por el anuncio de la Buena Nueva, los no judíos tienen parte en la misma herencia en plan de igualdad con los judíos, son miembros del mismo cuerpo y se benefician como ellos de la misma promesa que Dios ha hecho en Cristo Jesús. “Misterio” es un secreto que sólo Dios conoce pero que un día nos lo revela. Este secreto revelado es profundamente revolucionario y provocador: la salvación es ofrecida a todo el mundo por igual. Nadie tiene más derecho que nadie a la gracia y al amor de Dios. Todos somos igualmente hijos, cualquier que sea nuestro origen, raza, religión, cultura, educación... La única condición es aceptarla con humilde agradecimiento.

3. Este secreto lo divisó siglos antes el profeta Isaías y lo cantó con gran aliento poético: Levanta los ojos, Jerusalén, y mira a tu entorno: todos estos se reúnen para venir hacia ti. Vendrán con oleadas de camellos trayendo oro e incienso y cantando la grandeza del Señor. Jerusalén, todavía devastada por la guerra, será un punto luminoso por la presencia gloriosa del Señor.

4. San Mateo actualiza la intuición de Isaías con la historia tan  bonita de los sabios de oriente que siguiendo la estrella luminosa buscan al Recién nacido rey de los judíos.
Cada cual accede al Recién Nacido según sus posibilidades. Los pastores que eran tan pobres y no veían mucho más allá de sus rebaños, los ángeles les anuncian directamente la gran alegría del nacimiento de Jesús. Todos se maravillaban de lo que decían los pastores, pero nadie se movía del amor de la lumbre. Los sabios de Israel conocían lo que decía el profeta  Miqueas. El Mesías nacería en Belén. Y lo explican a Herodes y a los magos. Pero los sabios no dan ni un paso para acercarse a Belén. Y Herodes, que se muere de ganas de ir, tiene miedo de hacer el ridículo mientras se prepara para actuar. Ninguno de ellos acoge al Mesías cuando se presenta de manera tan pobre y tan poco oficial.

5. Los magos son personas que observan y estudian los movimientos de las estrellas y miran de adivinar lo que dicen desde su silencio luminoso tan lejos de nuestro alcance. Y asignan una estrella o una constelación a cada personaje importante. La que ven ahora los lleva hasta Belén de Judá. Lo han dejado todo y han emprendido un largo viaje. Buscan al recién nacido Rey de los Judíos.
6. Su alegría es inmensa al ver la estrella. Llegan a Belén, entran a la casa y se maravillan de lo que encuentran: el niño con María, su madre. Lo adoran, abren sus cofres y le ofrecen oro, incienso y mirra.
La tradición popular los hace reyes y los denomina: Melchor, Gaspar y Baltasar. Y los pinta con un color diferente. Todos los pueblos de todo color, raza y cultura encuentran en Jesús al Salvador.

Los magos –los reyes magos- se volvieron hacia casa por otro camino. Vuelven cambiados. No buscarán más la grandeza y el amor de Dios en las estrellas. Lo encontrarán en la imagen de Dios que se esconde en los pequeños, en los pobres, en María y en el Niño. Y mientras los suyos no acogieron a Jesús, los “que no eran los suyos”, acogiéndolo en la fe, llegaron a ser hijos de Dios. También nosotros.



Texto: J. Sidera cmf
Dibujo: A. Daufí cmf

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