lunes, 11 de enero de 2016

BAUTISMO DEL SEÑOR

1. Hoy es todavía Epifanía: la manifestación, la presentación de Jesús al mundo. En la nochebuena oíamos cómo los ángeles lo presentaban a los pastores. El día de Reyes, María lo ofrece  a los magos venidos de tan lejos.  Ahora Jesús tiene ya treinta años y es presentado al pueblo de Israel y a todo el mundo por el Padre y el Espíritu Santo. Pero con gran sencillez y sin que casi nadie se dé cuenta.
2. Jesús ha ido al Jordán como uno más de los muchísimos que se hacían bautizar por Juan Bautista. Todos se preguntaban si no era él el mesías. Pero Juan noblemente confiesa que no lo es. Él se daría por muy satisfecho si podría desabrocharle las sandalias, un servicio propio de esclavos. Juan no puede transmitir el Espíritu Santo. El más fuerte viene detrás de él.
3. Jesús ya se ha hecho sumergir –bautizar- en el Jordán. Es consciente de la importancia del momento que vive. Ha llegado la hora de asumir una nueva responsabilidad. Hasta ahora ha glorificado a Dios haciendo el trabajo de un buen carpintero, laborioso y honrado. Ahora se le abre un nuevo horizonte. Y ora. Ora intensamente para conectar con Dios. El Espíritu Santo, en forma de paloma, se posa sobre él. Y resuena la Voz del Padre: Eres mi Hijo, el predilecto, estoy muy contento de ti.
4. Estas palabras configuran  la nueva misión de Jesús y le indican el modo como la realizará a partir de lo que es: El  Mesías, el Hijo tiernamente amado de Dios. El Profeta.
La expresión Eres mi Hijo se pronunciaba en el momento en que era  ungido y entronizado el nuevo rey, que era reconocido como hijo de Dios. Eres mi hijo, hoy te he engendrado. Hoy la voz del Padre lo declara Mesías e Hijo suyo, en sentido propio.
Eres el Hijo tiernamente amado, el predilecto, como Isaac que era el hijo único y amadísimo dispuesto a hacer lo que disponga el Padre.
5.  Estoy contento de ti: Así lo presentaba el profeta  Isaías. Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que promueva el derecho en las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. Jesús no será un mesías poderoso y triunfador, como esperaban sus contemporáneos. No viene a ser servido sino a servir. Seguirá el camino de la persuasión, de la bondad, de la implicación personal. Traerá la justicia a las naciones, pero sin gritar por las calles. Con un gran respeto  para con el débil. Salvando todo lo que se pueda salvar. Sin quebrar la caña cascada ni apagar la mecha que humea. Con firmeza, sin  vacilar, sin echarse atrás. Pero con la flexibilidad que el amor da. Con su acción será la luz de las naciones. Los ciegos recobrarán la vista, los cautivos serán liberados. Abandonarán el calabozo los que vivían en la oscuridad. Luz y libertad. Hijos, no esclavos.
6. Jesús está plenamente identificado con la misión que el Padre le confía: proclamar a todo el mundo que el Padre los ama. Y que se decanta descaradamente en favor de los más desfavorecidos. Jesús enfocará toda su vida, acción y energías a mantener este proyecto del Padre, un proyecto de justicia y de fraternidad, de solidaridad y de vida.
7. Cuando los primeros cristianos hablaban de Jesús, empezaban desde el bautismo de Juan hasta la Resurrección. Con el bautismo Jesús se pone a andar con nosotros. San Pedro, hablando con el centurión Cornelio, un militar no judío, resume así la actividad de Jesús: Vosotros conocéis lo sucedido por toda la Judea, empezando por Galilea, a partir del bautismo que predicaba Juan. A Jesús de Nazaret lo ungió Dios con Espíritu Santo y poder: discurrió haciendo el bien y sanando a los poseídos del Diablo, porque Dios estaba con él.
8. ¿Y nosotros? También nosotros un día, algo lejano, fuimos bautizados. El Padre nos proclamó hijos suyos muy amados. El Espíritu Santo nos marcó con el  crisma o la unción con que  ungían a los sacerdotes, profetas y reyes. Nos hizo Cristos o Ungidos como Jesús. Del nombre de Cristo nos llamamos cristianos. Nos ungió como Reyes, dándonos la dignidad y la libertad de hijos de Dios. Como Él somos sacerdotes para hacer de nuestra vida de cada día un culto a Dios. Y profetas: testigos y mensajeros de la alegría del Evangelio. Todo esto somos. Continuemos demostrándolo en nuestra vida cristiana. Es una misión muy grande. La capacidad de pasar la vida haciendo el bien, nos viene toda de Jesús y es inmensa. Nos lo hemos de creer y lo hemos de vivir. Cada cristiano es un sacramento, un signo visible y eficaz de la presencia de Cristo en el mundo.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: aciprensa

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