martes, 8 de diciembre de 2015

FIESTA DE LA PURÍSIMA DE 2015

1. Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza: quería alguien con quien conversar de tú a tú y a quien confiar el cuidado de la creación,  nueva y llena de semillas de futuro.  Comportaos como labradores inteligentes y respetuosos con la naturaleza. Sois los amos y señores de la creación,  no seáis esclavos de nada ni de nadie.  San Pablo prorrumpía en alabanzas al Creador:  Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo: nos eligió en él antes de crear el mundo, para que fuésemos santos, irreprensibles a sus ojos. Nos destinó a ser hijos suyos por Jesucristo.
2. Cada tarde Dios salía a pasear con Adán y Eva al aire fresco del paraíso. Aquel día no  estaban. Adán echaba las culpas a Eva y Eva a la serpiente.  ¿Qué había ocurrido? No  tenían bastante con ser lo que eran y como eran. Y alguien les sugirió un atajo para llegar a ser sabios, autónomos y ricos: ser como dios... El resultado de la pretensión fue decepcionante: se encontraron pobres, desnudos,  muertos de vergüenza y de miedo. Se esconden de Dios, incapaces de asumir la responsabilidad de sus actos.
3. Esta historia tan conocida y a veces mal interpretada, es el reflejo de hechos tan actuales como la droga, el sida, la corrupción, la mentira, la irresponsabilidad... No contentos de ser lo que somos –hombres o mujeres- queremos ser felices, ricos y sabios y personas decentes siguiendo atajos. Nos parece poco ser creados a imagen y semejanza de Dios. Preferimos el modelo de Adán y Eva. Y cuando la burbuja estalla nadie asume la responsabilidad. Y tenemos todavía la desfachatez  de echar las culpas a Dios.
3. Pero Dios es bueno para con todos. Ama entrañablemente todo lo que él ha creado. Sabe de qué barro nos ha formado. Y continúa esperando y confiando en el hombre y espera con paciencia activa el momento  para realizar su ideal.  Es el momento que celebramos hoy. Es la Inmaculada Concepción. Celebramos que una niña, una chica, una mujer, de nuestro mismo barro, de nuestra misma masa, responde perfectamente al ideal que  Dios se ha propuesto para cada uno de nosotros. Es María y con san Gabriel la saludamos llena de gracia. En ella se  complace el Señor.
4.  Dios quería un molde perfecto donde vaciar al HOMBRE perfecto, el Hijo de Dios hecho hombre. Para ello no pensó en una mujer rica, poderosa y sabia, de buena familia, de cultura universitaria, como las grandes mujeres que  había en Roma, en Atenas o en Jerusalén. Dios la quiso mujer, mujer y nada más, creada como nosotros a imagen y semejanza suya. Y así será toda su vida. Mujer, le dirá Jesús en Caná. Mujer, aquí tienes tu hijo, le dirá desde la cruz.
5. El hecho de ser Purísima y sin mancha de pecado, no la aleja  de nosotros.  Al contrario, nos la aproxima. Ha recorrido  el mismo camino de la fe que nosotros, seguramente más áspero y más duro que el nuestro  y nos anima a seguirlo. Pero siguió con sencillez y naturalidad  la voz del Espíritu que la conducía discretamente hacia su crecimiento y hacia su pleno desarrollo humano. Acostumbrada a conectar normalmente con el Espíritu en las pequeñas o grandes cosas de cada día, respondió con la misma sencillez y naturalidad en el momento oportuno: Aquí me tienes, Señor,  estoy a tu servicio.
6. Nos gustaría saber cómo eran los ojos de María Inmaculada y llena de gracia. Claro que sí, pero ¿cómo?  Muy fácil. La invocamos: Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos  misericordiosos. Son misericordiosos los ojos de la Madre de Jesús: son la expresión de su corazón lleno de ternura y de bondad.

7. Hoy justamente el Papa Francisco  abre en Roma la Puerta Santa del Jubileo de la Misericordia. Será la Puerta de la misericordia. Quien entre por ella experimentará el amor  y la ternura de Dios. Entremos y experimentemos la misericordia de Dios y aprendamos a ser buenos y misericordiosos como Él.  Y cuando invoquemos a santa María como Madre de Misericordia, pidámosle que también nuestro corazón, y nuestros ojos y toda nuestra persona transpiren la bondad y la misericordia de nuestro Padre Dios y de Jesucristo.




Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe Hoy

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