miércoles, 9 de diciembre de 2015

ESPERAR LA PAZ

Y hacerla, por supuesto. Aunque se tenga que hacer con la debida mesura y exigencia al mismo tiempo. Siempre el difícil equilibrio entre los extremos. Sabio de verdad el consejo de san Ignacio de Loyola recomendando que en tiempo de tribulación, no hacer mudanza. Es decir, no desorganizarse internamente ante las turbulencias del momento. Y complicados fueron los momentos de su época histórica con la Reforma Católica después del Concilio de Trento. Pero ahí está su consejo. Porque en situaciones especialmente apuradas, y las de hoy son muy perturbadoras dentro y fuera de lo nuestro, la exageración y la falta de medida se disparan olvidando la serenidad, la prudencia y la creatividad pausada para afrontar debidamente los problemas. Hoy todo el mundo habla de “alto riesgo” en todo. ¿Cabrán la esperanza y el amor? Dos virtudes que dentro tienen mucha “trilita”, pero de la buena. 

Entre unas cosas y otras hay muchos que tienen miedo de que se destruya el llamado “estado de bienestar”. Nuevas exageraciones aquí. Y no es poca la exageración de los que han querido convertir el dichoso estado en algo que tiene sólo cuadrículas económicas y financieras. Y ahora tiemblan. Pero por lo que hay que temblar, y sin exageraciones, es porque ese estado no se apoye en la justicia social y en el reconocimiento efectivo de todos los valores que son necesarios para que una persona sea persona íntegramente. Por no apoyarse en esto, el “estado de bienestar” se puede venir, o se está viniendo,  abajo. Aprendamos de lo que está pasando. Los que manejan el terror tienen dinero. Y nada más. Ese es el problema. 


Texto: J.M. Ferrer
Foto: archivo Cultura y Fe Hoy

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